Mitos y realidades sobre el reloj biológico en la maternidad
Dr. Ítalo Ciuffardi, ginecólogo obstetra.

En nuestra experiencia de 25 años apoyando la salud reproductiva y la fertilidad en la Región del Biobío, hemos visto cómo el estilo de vida ha ido empujándonos a retrasar la maternidad, haciendo cada vez más recurrente las frases que aluden al “reloj biológico” para llamar la atención acerca de los desafíos y cuidados que debemos apuntar cuando queremos ser padres o madres más cerca o pasados los 40 años, lo que en nuestras pacientes se ha dado principalmente por opción y prioridad a aspectos como el desarrollo profesional, porque se desea en el marco de una segunda pareja estable o porque los primeros hijos e hijas han alcanzado un nivel mayor de independencia.

Si bien los avances en la ciencia han permitido hacer frente y mejorar la seguridad de la maternidad biológica a mayor edad, es bueno conocer las condicionantes y aclarar ciertos conceptos, de manera que la voluntad siga siendo el principal factor en los términos en que nuestra salud nos permita.

Una máxima que no debemos olvidar es que la biología no es estándar, y siempre habrá mujeres a las que no les será fácil concebir antes de los 30, de la misma manera que otras no tendrán mayores problemas después de los 40.

Un primer mito a derribar es que el reloj biológico trata solo sobre la infertilidad y la maternidad. El tiempo pasa para todos los aspectos de nuestra salud y aplica de la misma manera a la hora de hacer deportes o a la hora de rendir en cualquier actividad humana. Sin embargo, estadísticamente existe una relación y las alternaciones en el cuerpo de las mujeres que comienzan a ser evidentes a esta edad sí juegan un papel importante.

Es el caso de la disminución de los folículos en los ovarios, que ocurre a partir de los 35 años y se acelera a partir de los 40. Éstos son importantes porque alojan a los óvulos maduros antes de ser liberados en la ovulación.

Ése y otros factores asociados directamente a la edad, producen que los óvulos efectivamente disminuyan progresivamente en cantidad y calidad desde que una mujer nace hasta que llega a la menopausia. Y con ello, ocurre que a medida que nos aproximamos a los 40 años, el riesgo de aborto involuntario se incrementa a casi un tercio de los embarazos. De allí surge la importancia de tratamientos como el congelamiento de ovocitos y la ovodonación.

Otro mito a derribar es que el reloj biológico sea eminentemente un asunto de mujeres. Es importante decir que a pesar de los cambios en la forma de vida, la biología de la ventana de fertilidad femenina no ha cambiado mucho en las últimas décadas, lo que si ha ocurrido, por ejemplo, con el conteo de esperma masculino, que sí ha disminuido a lo largo de los años, fenómeno que es importante chequear cuando asumimos este desafío.

Como vemos, a la hora de enfrentar una maternidad después de los 35 años, es importante considerar los factores que nos presenta el reloj biológico, entendiéndolo como una serie de consecuencias normales cuando avanza la adultez, consecuencias que no son iguales para todos los cuerpos y que, sin embargo, estadística y médicamente sabemos influirán en la posibilidad y el desarrollo de un embarazo.

En este sentido, y considerando que el estilo de vida actual tiende en efecto al retraso de la maternidad, es importante tener en cuenta que la ciencia hoy nos permite preservar la fertilidad y por eso, si nos acercamos a los 35 años y decidimos posponer la maternidad, técnicas como el congelamiento de óvulos, también conocida como vitrificación o criopreservación de ovocitos maduros, pueden ser de gran utilidad y tienen mayor efectividad cuando se realiza antes de los 35 años.

El proceso considera, entre otros, un examen para descartar patologías ginecológicas y realizar un recuento de la reserva ovárica, un procedimiento de estimulación a través de un tratamiento hormonal, y la congelación de una veintena de ovocitos, a cerca de 200 grados bajo cero, lo que permite contar con óvulos fertiles y óptimos por décadas. Como vemos, la ciencia nos permite hoy contar con más herramientas para acompañar estos procesos y, de acuerdo a nuestra experiencia, con una alta efectividad. De esta forma podemos conciliar los efectos del reloj biológico con los del desarrollo personal o cualquier condición que nos lleve a preferir posponer la maternidad, de forma segura y sin complicaciones. La invitación es a informarse.

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Cuando el cuerpo dice «NO»

Con el paso del tiempo, la familia ha enfrentado varios cambios. A pesar de ello se mantiene la idea de que los matrimonios deben tener hijos, y cuando éstos no llegan el entorno de la pareja y la sociedad comienza a preguntar qué pasa. Con los problemas empieza una especie de vía crucis que considera aspectos económicos, emocionales e incluso la discriminación de los cercanos. Por eso es que muchos lo ocultan, a pesar del sufrimiento que la situación les provoca. En Chile de un 10 a un 15% de las parejas entre 18 y 44 años son infértiles.Desde pequeñas las mujeres sueñan con ser madres y de adultas, la mayoría sigue con este anhelo. Ingrid Hermosilla era una de ellas. Cuando se casó a los 23 años, inmediatamente buscó embarazarse; pasaron los meses y no había resultados. Comenzó la angustia y el miedo a ser infértil, pero nunca pensó que para tener un hijo en sus brazos debería luchar durante casi diez años.

Esta situación afectó su matrimonio. Cada día el distanciamiento con su pareja era más grande y evidente. El problema lo tenía su marido, Pedro. Tenía pocos espermios y muchos leucocitos. “Yo podía embarazarme, pero mi dolor era igual al de mi pareja, porque no podía tener un hijo del hombre que amaba”, relata Ingrid.

Para ella una de las cosas más fuertes y difíciles de superar fue el sufrimiento de su esposo. “Búscate otra persona, separémonos. Yo jamás te lo voy a reprochar, quiero que seas feliz”, eran las frases que constantemente él le repetía. Sus palabras eran el reflejo de la frustración y culpabilidad por no poder embarazarla. Según los expertos, esta actitud es común en la persona que tiene alguna dificultad para tener hijos, sienten que los sueños de la pareja no se podrán cumplir por “su culpa”.

Por ello desde el momento del diagnóstico la ayuda psicológica es fundamental. Ítalo Ciuffardi especialista en infertilidad del Instituto de Medicina Reproductiva de Concepción (IMR), recomienda que la terapia debe comenzar desde el primer día que se descubre el problema.

Cuando Ingrid escuchaba constantemente a su marido pedirle que se alejara de él, no sabía cómo actuar. “Cada vez que me repetía esto, me dolía. No sólo porque me decía que me fuera de su lado, sino porque me imaginaba lo difícil que para él era decir esas cosas”.

Desear que no fuera cierto (96,1%), vergüenza (77%), depresión (77,9%) y rabia (73,3%) son algunos de los sentimientos experimentados por las parejas infértiles, según cifras de la Biblioteca de Medicina de Estados Unidos (Medline). Este problema deja profundas huellas en la relación. Disminuye el interés sexual y se producen constantes cambios emocionales entre los integrantes de la pareja.

La decisión de Pedro
“Me cuestioné muchas cosas antes de realizarme la reproducción asistida. Dudaba si era moral o no; si era correcto hacerlo cuando hay tantos niños que esperan ser adoptados”, afirma Ingrid. Cuenta que se decidió a comenzar el tratamiento sólo cuando sintió que era lo correcto. Pero cuando creyó que todo saldría bien, tuvo una nueva desilusión. Se realizó una inseminación artificial que no dio resultado. “Estuve paralizada dos años, no quería nada. Tuve depresión, creía ciegamente que no sería madre”.

Al ver la situación en que se encontraba su mujer, Pedro decidió buscar las alternativas a su alcance para tener un hijo. Esta vez, él comenzaría solo este nuevo camino para que todo fuese más fácil para Ingrid. Se informó sobre el Programa Piloto de Fertilización Asistida del Fondo Nacional de Salud (FONASA) y postuló. Generalmente las personas deben esperar mucho para acceder a este beneficio. La lista de espera alcanza a las 200 personas en Concepción y sólo tienen una oportunidad. Por este motivo, quiso recurrir a esta iniciativa, ya que pensaba que si el primer intento no resultaba, se las arreglaría para realizar un segundo de forma particular.

Cuando llegó su turno pusieron todas sus fuerzas y esperanzas en este nuevo tratamiento. Se realizaron una fertilización in vitro (FIV), y hace 11 meses nació su hijo, Juan Antonio.

Una familia numerosa
¿Quedaré embarazada? ¿Cuánto cuesta? ¿Lo cubre la Isapre? ¿Afectará mi relación de pareja? Estas son algunas de las preguntas que surgen durante un tratamiento de reproducción asistida.

En una FIV, el primer paso en la mujer es la estimulación hormonal. Este proceso tiene pocos riesgos. Se controla con ecografías. El objetivo es obtener más gametos femeninos (óvulos – ovocitos) para aumentar las posibilidades de embarazo. Por eso generalmente se extraen diez.

“Me aspiraron cinco óvulos. Tenía miedo, sabía que esto significaba muy pocas posibilidades de ser madre”, cuenta Paula (30), una mujer que después de un diagnóstico de infertilidad logró tener un hijo que hoy tiene un mes. De esos óvulos sólo se fecundaron cuatro en el laboratorio y pasaron a estado embrionario tres. En la implantación sólo se le colocaron dos, para evitar una multigestación (trillizos). El restante fue criopreservado, es decir, congelado, pues el matrimonio espera darle un hermanito a su hijo en dos años más.

“Cuando nos casamos soñábamos con una familia numerosa, entre cuatro a cinco hijos”, afirma Francisco, su marido, pero como solamente criopreservaron un embrión sabe que jamás tendrá todos los hijos que anheló.

Para Paula lo más difícil fueron los 14 días de espera para saber si hubo o no embarazo. “Pedí licencia y me fui a vivir con mi madre, necesitaba estar acompañada para que el tiempo pasara más rápido”. El día antes del examen se sintió angustiada y depresiva. “Lloré toda la tarde, no sentía síntomas de embarazo. Tenía miedo de no estarlo. Había escuchado que si la FIV era exitosa se sentía hambre, nauseas, vómitos, pero a mi no me pasaba nada”. Por eso reconoce que el apoyo de otras mujeres del Foro de Infertilidad del Zócalo (www.forodelzocalo.cl) fue fundamental. En este lugar se encuentran diariamente mujeres con dificultad para tener hijos, para compartir información, miedos e inquietudes.

Este joven matrimonio prefiere contar su historia desde el anonimato, no todos sus conocidos saben cómo concibieron a su hijo. “No le cuentas a mucha gente, porque la sociedad es prejuiciosa, y molesta con bromas y comentarios al hombre que no puede tener hijos”, cuanta Paula. Por eso, para evitar comentarios prefiere guardar silencio y decir que todo fue normal.

“No puedo ser madre”
Cuando no existen los recursos, el anhelo de la maternidad se ve frustrado. Teresa es estéril y no cuenta con el dinero necesario para acceder a un tratamiento. No le ha contado a nadie su condición. Su círculo más cercano de familiares y amigos desconocen el drama que vive desde hace tanto tiempo. Junto a su marido soportan en silencio las insistentes bromas sobre cuándo se pondrán en campaña para ser padres.
Desde el comienzo de la entrevista, sus ojos se llenan de lágrimas, y a pesar de su esfuerzo por contenerlas, termina quebrándose: “Cada vez que voy a una tienda, inconscientemente me dirijo al sector infantil y me imagino qué podría comprarle a mi guagua”. Después de un largo silencio explica que este problema, lejos de afectar su relación de pareja, la reafirmó. Sin embargo, siente que luego de cinco años de matrimonio, aún no son una familia. “Sólo somos dos personas que se aman mucho”, relata.

Teresa contrajo matrimonio cuando tenía más de 30 años. Por su edad imaginaba tener problemas para embarazarse, pero nunca sospechó un diagnóstico tan grave y categórico: sus óvulos eran pocos, y además, estaban en mal estado.

“Cuando recibí la noticia no se me vino el mundo abajo, siempre tuve esperanzas, pero al saber el costo del procedimiento que cumpliría mi sueño de ser madre, supe que jamás podría cumplirlo”. Confiesa que desde un primer momento supo que no podría reunir el dinero para la ovodonación. Con su marido piensan que si Dios no les quiere dar esta bendición, por algo será, aunque no pierde la esperanza.

La ansiedad juega en contra

El doctor Ítalo Ciuffardi Cozzani, especialista en Infertilidad y Medicina Reproductiva, explica que infertilidad no es sinónimo de esterilidad. El primer concepto se aplica a parejas con más de un año de relaciones sexuales sin protección y que no han logrado un embarazo. En cambio, en la esterilidad existe un diagnóstico de que la mujer o el hombre no pueden concebir. Un ejemplo es la ausencia de espermios o menopausia prematura.

El deseo de ser padres muchas veces sobrepasa a los pacientes. En algunos casos la impaciencia los lleva a posponer la terapia cuando ya comenzaron una etapa o plan de tratamiento. Esto perjudica las posibilidades de lograr el embarazo, porque las causas o factores de la infertilidad progresan con el tiempo. El Dr.Ciuffardi afirma que esto es un grave error, porque se empieza desde cero y se pierde un trabajo de meses. “La edad de la mujer es el factor pronóstico más importante, su fecundidad disminuye con los años, aún con tratamientos como fecundación in vitro (FIV), porque no se logra revertir el paso del tiempo sobre los gametos (óvulos y espermatozoides)”.

Someterse a técnicas de reproducción asistida significa un esfuerzo psicológico que en ocasiones empeora al no ver resultados. Las técnicas en general permiten una tasa de embarazo del 50% por intento. El factor económico también pesa cuando se fracasa. Algunas parejas tienen la intención de realizarse un nuevo ciclo del tratamiento, pero no cuentan con los medios necesarios. En el Instituto de Medicina Reproductiva de Concepción (IMR) una FIV cuesta cerca de 1 millón y medio de pesos. A esta suma se agregan los medicamentos que dependiendo de la edad y respuesta de la paciente varían entre los 400 mil a 800 mil pesos, pero hay fórmulas de financiamiento a través de convenios.

El IMR es el único centro de medicina reproductiva del sur de Chile. Está acreditado por la Red Latinoamericana de Reproducción Asistida (Redlara) y atiende anualmente casi a 100 parejas infértiles sólo para FIV. Otros 500 pacientes se someten a tratamientos de baja complejidad como inducción ovulatoria, coito programado e inseminaciones intrauterinas.

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Reproducción asistida: Postergación de la maternidad y enfermedades son las principales causas de infertilidad.

En Chile las tasas de infecundidad se han mantenido en alrededor de un 15% la última década. Según la OMS 6 de cada 10 parejas son infértiles a nivel mundial.

El próximo año se cumplen 40 años del primer procedimiento de reproducción asistida que dio como resultado el nacimiento de Louise Brown, la primera niña concebida a través de fertilización in vitro en el mundo. Desde entonces más de un centenar de nacimientos se registran en el planeta a través de esta técnica.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, 6 de cada 10 parejas son infértiles y dentro de las posibles soluciones que se les dan, se encuentran los tratamientos de fertilidad asistida.

La infertilidad es transversal, no distingue nivel socioeconómico, por lo tanto son pocos los que están libres de poder necesitarla alguna vez.En Chile las tasas de infecundidad se han mantenido en alrededor de un 15% y principalmente se asocia al retraso de la maternidad, tras privilegiar el  desarrollo profesional y personal de muchas mujeres, que prefieren ser madres pasado los 37 años y enfermedades propias del sistema reproductivo.

El postergar la maternidad tiene sus riesgos si se prefiere ser madre desde los 38 años en adelante, principalmente por el envejecimiento de los ovarios, ya que no sólo es más difícil conseguir un embarazo, sino que, una vez que este se produce, hay menos posibilidades de que nazca un bebé sano, se desprenden de estudios en el tema.

Es por esta razón que los médicos recomiendan que si se quiere ser madre a mayor edad, congelen sus óvulos antes de los 36 años cuando estos están en mejores condiciones.

La labor del IMR de Sanatorio Alemán

El Instituto de Medicina Reproductiva lleva 20 años realizando tratamientos de fertilidad, acreditados por la Red Latinoamericana de Reproducción Asistida.

“Hacemos tratamientos de coito programado, inducción de ovulación, inseminación intrauterina y fertilización in vitro,  ya sea con óvulos propios u óvulos donados,  estudios cromosómicos para saber el sexo del embrión y lo que está de moda hoy en día que es la preservación de fertilidad, que es cuando las mujeres quieren postergar la maternidad y vitrifican sus óvulos para vivir la maternidad una vez que tengan las condiciones para hacerlo, en un banco de óvulos”, indicó Valeska Jara, Matrona y  magister en salud reproductiva, del Instituto perteneciente a la Clínica Sanatorio Alemán.

Valeska Jara, Matrona Instituto de Medicina Reproductiva.

-¿Cuáles son los tipos de infertilidad que existen?

-En el caso de la mujer existen dos tipos: La infertilidad primaria, o sea aquella mujer que nunca tuvo hijos anteriormente, o que haya abortado y la infertilidad secundaria, en la que mujeres que han tenido hijos, no han logrado volver a concebir en una segunda oportunidad.

En el caso de los hombres se debe principalmente a espermatozoides con alguna anormalidad o a un número insuficiente de estos.

La raza humana es un 30% fértil en comparación a las otras especies, por lo tanto no es de extrañar que en muchos casos las parejas sean incapaces de lograr un embarazo espontáneo después de un año de relaciones sexuales en forma regular, sin la utilización de un método anticonceptivo.

“Las causas son principalmente femeninas, con alrededor de un 40%, la masculina que es alrededor de un 30%, mixta que alcanza un 20% y de causa desconocida que es alrededor de un 10% de los casos, que son los caso más complejos”, explica Valeska Jara.

Por lo tanto no es de extrañar que muchas parejas penquistas acudan a solicitar orientación y servicios por infertilidad, requiriendo de apoyo terapéutico y del empleo de tecnologías de reproducción asistida,  como la inseminación artificial y la fertilización in vitro.

Pero acceder a estos procedimientos tienen un alto costo, alrededor de 3  millones 750 mil pesos a 4 millones 500 mil pesos, dependiendo de la complejidad, por lo tanto no todos pueden acceder y si se quiere acceder a través de los programas de gobierno,  las listas de espera son largas y sólo dan derecho a un intento.

Tipos de procedimientos

La matrona a cargo del Instituto de Medicina Reproductiva explica que antes de optar a un tratamiento de reproducción asistida es necesario realizar una inducción de ovulación, lo que aumenta un 10% las posibilidades de concebir, “este procedimiento imita el proceso natural mediante el cual el organismo femenino elimina un solo óvulo y que, por distintos motivos, no se lleva a cabo espontáneamente y esto se logra a través de dos medicamentos: los antiestrógenos y las gonadotrofinas. Se administra por vía oral durante 5 días, entre el tercero y el quinto día del ciclo menstrual, estimulando la hormona antimülleriana, que segregan los folículos ováricos y de esta forma se puede medir la reserva ovárica de cada paciente”.

Si esto no funciona se opta por la Inseminación intrauterina (IIU) que consiste en introducir espermatozoides dentro del útero en forma coordinada con el momento en que la mujer está ovulando (liberación del óvulo por el ovario) de modo que aumente la probabilidad de que ocurra la fecundación.La colocación de los espermatozoides directamente dentro del útero acorta el viaje hasta las trompas de Falopio; por lo tanto, existen mayores posibilidades de que más espermatozoides se acerquen al óvulo.

En tanto la Fertilización in vitro (FIV) los óvulos son recogidos a partir de los ovarios, siendo posteriormente fecundados con los espermatozoides en condiciones de laboratorio. Los embriones así obtenidos son posteriormente transferidos al útero de la mujer.

Si existen problemas muchos más serios para poder fecundar un óvulo ,se opta por la Inyección Intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), en la cual se extraen y seleccionar los mejores espermatozoides del hombre, los que serán utilizados para la fecundación de los ovocitos.“Esta técnica surgió para tratar los casos de infertilidad masculina severa como la oligospermia o la astenospermia, en los que otras técnicas como la inseminación artificial o la FIV no permitían lograr el embarazo”, explicó Jara.

En el caso que el ICSI no funcione, se opta por la técnica de Fertilización in vitro PICSI, la cual fue diseñada para mejorar la práctica de la inyección intracitoplasmática de espermatozoides y consiste en seleccionar sólo un espermatozoide e inyectarlo en el óvulo para lograr la fertilización, este es el procedimiento más caro, pero el más efectivo.

Las experiencias de madres sometidas a fertilización asistida

“Me detectaron un embarazo ectópico, me operaron y me sacaron una trompa, tras esto me hicieron una laparoscopia para revisar si la otra trompa estaba en buenas condiciones, la que resultó negativa y también me la extirparon, por lo tanto tuvimos que optar por Inseminación intrauterina en el IMR, la que tuvo como resultado a mi Montserrat que hoy tiene 7 meses”, expresó Jacqueline Ayala.

Jacqueline Ayala, Hector Fuica y Monserrat Paz Fuica

El embarazo que se desarrolló en la Trompa de Falopio  pudo haberle costado la vida, ya que es potencialmente mortal para la madre, sus causas son desconocidas y generalmente produce que esta no pueda volver a quedar embarazada de forma natural, teniendo que optar por la fertilización asistida como fue el caso de Jacqueline, quien optó por la IIU tres años después de sufrir su perdida.

Para Karen Pincheira, en tanto la experiencia fue totalmente distinta, su esposo antes de conocerla sufrió un cáncer testicular, por lo tanto se le recomendó vitrificar sus espermatozoides en un banco de esperma de la ciudad de Santiago, por lo que el único camino era la reproducción asistida. Optaron la Inyección intrauterina, que no resultó, luego vino el ICSI que tampoco funciono, quedando como única alternativa la Fertilización in vitro PICSI, dando como resultado a su hijo “Toñito” de hoy 3 años.

“El proceso fue demasiado desgastante emocional y físicamente hablando, el tener que inyectarme hormonas para acelerar los procesos hizo que subiera de peso y si a eso le sumas el que no resultara era terrible.En cuanto al dinero eso era lo de menos, de alguna manera se solventaba, nosotros estábamos decididos a ser padres y con el PICSI resultó…quiero ser madre otra vez, pero no me siento preparada aún para pasar nuevamente por el proceso, el que no resulte es tremendo y muy doloroso”, comentó

El Centro de Medicina Reproductiva posee un banco de óvulos hace muchos años, en un principio era sólo para mujeres que sufrían de cáncer, como medida de precaución por lo invasivo de los tratamientos de quimioterapia y radioterapia,“hoy el banco de preservación de la fertilidad está abierto para todas las mujeres que desean postergar su maternidad para después de su desarrollo profesional”, explicó Valeska Jara.

La vitrificación es un proceso de solidificación en el que los ovocitos son tratados con sustancias criopotectoras y sumergidos en nitrógeno líquido a una temperatura de -196º C. Los pasos son los mismos que los de un ciclo de FIV: estimulación del ovario con hormonas, aspiración de los ovocitos, y en lugar de inseminarlos y fecundarlos, se realiza la vitrificación (técnica Cryotech) quedando almacenados después en nitrógeno líquido.El procedimiento tiene un costo inicial de $2.500.000 y una mantención mensual de $20.000.

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Diagnóstico Regional de la Reproducción Asistida

El Instituto de Medicina Reproductiva Concepción es el primer centro de estas características en Chile creado en regiones. Actualmente cumple 20 años de funcionamiento y logra 90% de éxito en los casos tratados.

La medicina reproductiva ha experimentado una rápida evolución durante las últimas décadas, en respuesta a una necesidad creciente de hombres y mujeres para dar solución a sus problemas para concebir un hijo, condición que afecta a aproximadamente el 16 por ciento de la población en edad fértil.

“La infertilidad es un estado que puede ser reversible espontáneamente o con ayuda. Existen dos tipos: la infertilidad primaria, cuando no se logra un embarazo después de 12 meses de relaciones sexuales, y la infertilidad secundaria, que se da cuando tras un embarazo y/o parto la paciente no consigue embarazarse nuevamente”, explica el doctor Italo Ciuffardi Cozzani, director del  Instituto de Medicina Reproductiva Concepción, perteneciente a la Clínica Sanatorio Alemán, en la capital de la Región del Bío Bío, Chile.

Este centro especializado, el primero del país fundado en regiones abocado a esta materia, se ha consolidado tras 20 años de funcionamiento como un espacio de referencia, destacando por un equipo de profesionales altamente capacitados y tecnología de punta. “La idea de formar este instituto partió en 1990. Yo estaba terminando mi beca y por esa época vino a Chile, desde Estados Unidos, el doctor José Balmaceda Riera, uno de los pioneros en este tema. En un congreso tomé contacto con él para postular a una beca en la Universidad de California, en la ciudad de Irvine, y quedé”, recuerda. Se formó durante dos años y luego de retornar al país se reunió con el doctor Ricardo Burmeister Campos, ex director médico del Sanatorio Alemán para comenzar a diseñar el proyecto. “A principios de 1996 parten los primeros casos. Al comienzo fueron pocos y resultaba lógico, porque era algo nuevo. Ahora nos enorgullecemos de ser el primer centro creado fuera de Santiago”, agrega el experto en endocrinología de la reproducción.

El programa se desarrolló en etapas. Partieron realizando ciclos, es decir se juntaban unas  8 ó 9 pacientes para iniciar un tratamiento. “Una vez efectuada la selección se llevaba a cabo la inducción de ovulación y la monitorización ecográfica. Para la etapa de laboratorio venía una bióloga de la Universidad de California. Eso fue por cuatro años, desde 2000 iniciamos un convenio con la Unidad de Reproducción de Clínica Las Condes, mediante el cual viajaba a la ciudad una bióloga a colaborar en el laboratorio cuando se programaban los ciclos de fecundación in vitro (FIV). Ya a partir de 2004 el alto volumen de pacientes obligó a contar con un biólogo de planta, el que se formó en el extranjero. Actualmente contamos con dos expertos muy calificados en esta área”, detalla el facultativo.

Hoy, en promedio, se abordan 20 casos de baja complejidad al mes, en paralelo a los 130 nuevos pacientes de alta complejidad que se manejan al año, mediante fecundación in vitro e ICSI (inyección de espermatozoides dentro del óvulo, para los factores masculinos severos). “Lo otro que estamos haciendo hace muchos años es un programa de donación de ovocitos. Sucede que hay pacientes que no tienen óvulos por diferentes motivos, por ejemplo menopausia prematura o  mujeres que han tenido cáncer y no tienen ovarios. Esas pacientes acuden a este sistema, en donde una persona que se viene a realizar una FIV dona algunos de sus óvulos para quien lo requiera”, comenta el doctor Ciuffardi.

También existe un programa de criopreservación de espermatozoides, para aquellos varones que tienen muy pocos o que van a someterse a cirugía o radioterapia por cáncer. En estos casos   pueden guardar su esperma para ser usada más adelante, ya que la radio y quimioterapia producen esterilidad definitiva. Asimismo, existe un programa de criopreservación de ovocitos con la finalidad de mantener la fertilidad, una alternativa demandada por mujeres de 35 años en adelante, que no tienen pareja en ese instante y desean a futuro contar con una mayor probabilidad de embarazo.

Además, sostuvo el facultativo, la criopreservación o vitrificación de óvulos es una excelente opción para las pacientes que se someten a fecundación in vitro y le “sobran” óvulos. “Congelarlos les permite poder volver a intentar otro tratamiento con un costo menor. Tenemos varios niños ya nacidos con esta técnica”.

El valor del tiempo

Según expertos, la madurez hormonal y psíquica de la mujer contempla como momento óptimo para tener hijos la edad entre los veinte y treinta años. Sin embargo, la tendencia actual apunta a posponer la maternidad, debido, fundamentalmente, a aspiraciones económicas y de desarrollo individual. Aunque los avances médicos y tecnológicos han paulatinamente ampliado ese margen, sí existe coincidencia en que, después de los 35 años, la mujer presenta un progresivo descenso de las posibilidades de embarazo y, en paralelo, un aumento de los riesgos, tanto para ella como para el bebé, en caso de alcanzar un estado de gravidez.

Tal situación cobra mayor relevancia en quienes nunca han logrado un embarazo (infertilidad primaria). En el hombre no se ha comprobado una relación directa entre la edad y las posibilidades de embarazo, pero, al igual que la mujer, después de los 40 años se ha objetivado una menor capacidad reproductiva.

Entre las causas de la infertilidad se cuentan las de tipo médico y social. Dentro de las primeras están la obesidad extrema, alteraciones tiroideas, abuso de drogas y medicamentos, alcohol y tabaco, anorexia nerviosa y quimioterapia. Entre las causas sociales figuran el retraso en la búsqueda de los hijos y el estrés al que están sometidos tanto el hombre como la mujer en la vida diaria. No se sabe a ciencia cierta si los trastornos psicológicos y emocionales influyen en la infertilidad, sin embargo si hay estrés asociado debe ser tratado, porque deteriora la calidad de vida.

Antiguamente se creía que el no tener hijos era “responsabilidad” exclusiva de la mujer. Sin embargo, una gran cantidad de estudios científicos confirma que en el 40% de los casos la causa corresponde al factor masculino, como alteraciones testiculares, obstrucción de conductos, patologías en la próstata, alteraciones en la eyaculación, en la erección y en el semen.

Un porcentaje similar se sustentaría en el sexo femenino. Las razones más frecuentes son las obstrucciones o lesiones de las trompas de falopio y las adherencias pelvianas producto de  endometriosis o procesos inflamatorios e infecciosos que pasan desapercibidos al no dar molestias, como infecciones subclínicas. En segundo lugar están las alteraciones ovulatorias y luego otras causas tales como malformaciones uterinas y problemas cervicales. El 20 por ciento restante corresponde a causas mixtas o combinadas. “Hoy, nuestro centro puede dar solución al 90% de los casos tratados. Existe sólo un 10% que por diversas razones no logra el embarazo”, asegura el doctor Ciuffardi.

“En los últimos 20 años ha aumentado la infertilidad, porque la mujer consulta más tarde y le cuesta más embarazarse. El potencial de fecundidad natural de la mujer se mantiene más o menos estable hasta los 35 años y de esa edad hasta los 40, la caída de la fecundidad es brusca, muy rápida. Como está postergando la maternidad, en su legítimo derecho y porque es más activa en lo laboral y académico, la mujer tiene problemas para embarazarse o no se embaraza”, subraya el director del Instituto de Medicina Reproductiva Concepción.

Por otro lado, hay algunos trabajos publicados que demuestran que desde inicios del siglo pasado la cuenta espermática en el varón ha disminuido. Hoy el 40 por ciento de las causas de infertilidad son masculinas, mientras que en 1950 las cifras fluctuaban entre el 10 y el 20 por ciento. Pese a que evidentemente el problema es de dos, en opinión del experto, aún existe cierto grado de reticencia de los hombres a someterse a exámenes.

“Es importante que las mujeres con algún problema de fertilidad consulten en un centro especializado, porque por lo general los ginecólogos generales tratan el tema de una manera distinta y demoran mucho en la etapa diagnóstica. Para las pacientes que tienen 35 a 37 años el tiempo es un factor fundamental, o sea, no pueden perderlo. No pueden desechar su mejor potencial, porque la consulta tardía y estos retrasos empeoran el pronóstico reproductivo”, agrega. “Nosotros estamos haciendo el estudio completo de la pareja en un mes y medio como máximo, y en el lapso de 6 semanas tenemos todos los resultados y ya podemos planificar la terapia más indicada”.

Tanto en Concepción, como en otros centros dedicados a tratar la infertilidad en el mundo, las principales técnicas usadas son la fecundación in vitro, inyección intracitoplasmática de espermatozoides, donación de ovocitos y vitrificación de óvulos y espermios. “Nosotros pertenecemos a la Red Latinoamericana de Reproducción Asistida, que agrupa a los centros de primer nivel en lo técnico y profesional. Este organismo nos controla y supervisa en forma permanente, tanto en los temas clínicos como de laboratorio. Debemos seguir protocolos internacionales estrictos en la mantención y renovación de los equipos, aseo y limpieza, purificación del aire del laboratorio, entre otros aspectos, todo para mantener los estándares de calidad exigidos y responder como queremos a la acreditación otorgada. Esta entidad además ofrece programas de actualización, porque los conocimientos en torno a esta materia están en permanente evolución. Con satisfacción puedo decir que tenemos equipamiento de primer nivel y esto lo avalan nuestros resultados, los que cada vez son mejores y que se reflejan en el informe  que la Red Latinoamericana emite cada año. Es obligatorio reportar anualmente todos los casos realizados de los diferentes tratamientos”, finaliza el doctor Ciuffardi.

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